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Cameron tenía cerca de diecisiete años y esperaba con gran entusiasmo su último año de escuela secundaria. Había aceptado—sin muchas ganas—pasar seis semanas del verano entre la etapa inicial y la superior de sus estudios en un programa de vida independiente para adolescentes con discapacidad visual. Allí, estuvo en un apartamento de dos dormitorios con otros tres chicos y aunque había un consejero en el mismo complejo, estaban solos. Él y sus compañeros de habitación tenían que preparar sus propias comidas, asistir a clases y trabajar tres días por semana. Cameron era empleado de un comercio de música. Los estudiantes tenían que aprender las rutas del ómnibus para llegar a sus puestos de trabajo y a las tiendas locales, desde el apartamento y de regreso a él. Hacia el final de la tercera semana, Cameron disfrutaba de todo lo que había aprendido: los nuevos recorridos de ómnibus, cómo lavarse la ropa, trabajar con la caja registradora en su empleo y hacer el balance de su chequera.

En muchos estados hay programas de verano para adolescentes con discapacidad visual, patrocinados por la comisión estatal para ciegos, el departamento de rehabilitación u otras agencias de la comunidad. Además, en las escuelas especiales para estos estudiantes, a veces llamadas residenciales, y que existen en la mayoría de los estados, se organizan con frecuencia una variedad de actividades de este tipo. Estos programas pueden tener diversos nombres y enfoques, entre los que se incluyen:

  • Oportunidades de vivir en un apartamento o residencia donde cada persona es responsable de sus pertenencias, comidas y lavado de ropa, así como de llegar a las clases y al trabajo con puntualidad.
  • Destrezas de aprestamiento para el trabajo que incluyen encontrar un empleo, mantenerlo y desempeñarse en él. Muchos de estos programas proporcionan a los adolescentes la oportunidad de trabajar en puestos de la comunidad.
  • Destrezas de aprestamiento para la universidad, en las que los estudiantes se involucran en recibir una o dos clases en un campus universitario para familiarizarse con las tareas del curso y sus exigencias.
  • Instrucción en tecnología de apoyo u otras áreas del currículo central ampliado, en las que se proporcionan oportunidades de aprendizaje que tal vez los jóvenes no tengan en la rutina del año escolar.

Para muchos adolescentes, los programas de verano son su primera oportunidad de vivir fuera de casa. Dentro del currículo del programa, las destrezas se adecuan con frecuencia a las necesidades individuales de los estudiantes. Uno puede estar aprendiendo a preparar un sandwich caliente de queso, en tanto que otro con habilidades culinarias más avanzadas, aprende a hacer lasaña. Al trabajar con el equipo educativo de tu hijo en la elección de un programa adecuado, ten en cuenta lo siguiente:

  • ¿En qué áreas del currículo central ampliado necesita tu hijo más instrucción y refuerzo?
  • ¿Piensa tu hijo orientarse a la universidad o quiere trabajar después de su graduación en la escuela secundaria?
  • ¿Ha tenido tu hijo oportunidades de pasar un tiempo fuera de casa, en el que haya sido responsable de sus propias necesidades, como cocinar, limpiar y manejar su dinero?
  • ¿Se beneficiaría tu hijo si conociera a otras personas con discapacidad visual?

Hablar con el maestro de discapacitados visuales de tu hijo y con otros miembros de su equipo educativo puede ayudarte a responder estas preguntas y a localizar un programa eficaz.